Un largo viaje.
El año pasado emprendí un viaje que marcó mi vida, comprendía cruzar el "charco" (Oceáno Atlántico) y dirigirme a Europa a la Jornada Mundial de la Juventud con el Papa, sin padres y con la juventud de mi comunidad y una amiga muy cercana con quien nos debíamos cuidar mutuamente todo el viaje, fue una experiencia única que valió la pena cada segundo, cada cansancio, dormida en el piso, caminatas largas y un sol que quema, al ver al Papa todo el resto no importaba, el Vicario de Cristo en la Tierra estaba tan cerca de nosotros y para mí fue imposible no derramar más de una lágrima, la emoción que sentía compartida con millones de chicos más gritando a coro "Esta es la Juventud del Papa" es incomparable e inimaginable, son esos momentos en el que te das cuenta de que a lo mejor somos "pocos" chicos católicos que se deciden a dar su sí a Cristo pero tenemos junto a nosotros el mejor capitán y junto a él, el barco nunca se hundirá ni dejará que sus tripulantes sufran sin una recompensa , los jóvenes estamos llamados a dar más, tenemos esa alegría en nosotros y esa predisposición a siempre dar más y porqué no darlo por aquel que lo da todo?.
En el penúltimo día de la jornada en 4 vientos, hubo una tormenta, tal vez la más terrible que haya vivido, no puedo negar que el miedo se apoderó de mí pero algo maravilloso aprendí de ello, era la noche de la Vigilia y el Papa se quedó con nosotros, a su edad y aún con un viento que se llevó volando su gorrito (no recuerdo/conozco el nombre) Él permaneció con toda la juventud, cuando la tormenta se tranquilizó el Papa dió una palabras, el momento no me permitía captar todo lo que decía pero hay algo que el Papa dijo "Esto ha sido una aventura", y esto me ayudó a reflexionar, en nuestra vida muchas veces tendremos ataques de otras persona como católicos y criticarán nuestras creencias, siempre habrá personas que nos querrán echar para abajo (la tormenta), pero para esto debemos estar arraigados y edificados en Cristo para luchar y salir de cualquier tormenta, con la frente en alto por amor a Dios; en la Vigilia momento cúspide de la Jornada, es imposible no creer que el mismo Dios estaba en Cuerpo y Sangre en la Eucaristía cuando casi 2 millones de jóvenes nos arrodillamos al mismo tiempo, cuando la Custodia se alzaba frente a nosotros, después de la tormenta y la emoción Dios estaba ahí con nosotros y un silencio, el silencio del amor invadió todo el aeródromo de Cuatro Vientos, esta Jornada fue una experiencia única y que agradezco a Dios por darme la oportunidad de haberla vidido y de recordar que Él me llama para cosas mayores para darle mi sí incondicional y llevar su Palabra y con mi ejemplo de vida ser testigo de su Verdad.
Ahora tú estás dispuesto a serlo?